Poner nuestra confianza en Dios

Yo estoy aquí (12º Domingo B, Mc 4,35-40)

Por Sonia Beatriz Farfán

Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: “Crucemos a la otra orilla del lago”. Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua, mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín.

Lo despertaron diciendo: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Él entonces se despertó, se encaró con el viento y dijo al mar: “Cállate, cálmate”. El viento se apaciguó y siguió una gran calma. Después les dijo: “¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?”

Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros. “Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

A esta altura de su vida, Jesús era conocido por sus enseñanzas y sus milagros, y era tanta su popularidad que donde él iba la gente lo seguía por muchedumbres, es por esto que decidieron cruzar al otro lado del río para poder descansar un poco del bullicio. Jesús los guía y los discípulos obedecen porque están sumidos a la voluntad de Dios. Jesús sabía lo que iba a suceder y estaba poniendo a prueba la fe de los discípulos, les había enseñado la teoría, ahora llegaba el momento de hacer la práctica. Los hombres no entendían por qué Jesús dormía plácidamente en la popa sin sentir la tormenta y el movimiento incesante de la nave, podemos ver y certificar la humanidad de Jesús, había andado tanto, había enseñado tanto, había hecho tanto por la gente, que quedó rendido y fatigado como cualquier persona común que trabaja mucho.

Algunos de los que estaban eran pescadores, conocedores del mar y sus tormentas, esto nos hace ver que Jesús prueba su fe en un ámbito que ellos conocían, también nos presenta nuestra incapacidad con algo que creímos tenerlo por dominado, y también nos hace ver que de nada sirve nuestro orgullo o autosuficiencia, ya que los mismos pescadores sintieron tanto temor como los otros que no lo eran. Y Jesús muestra que cuando atravesamos situaciones, por tan difíciles que sean, no nos acordamos que debemos confiar en Dios y dudamos de nuestra fe, por eso Jesús pregunta a sus hombres que habían visto su poder en tantas ocasiones ¿es que no tienen fe? y está ahí la cuestión.

Jesús no entendía que no confiaran en sus enseñanzas y en Dios, ahí estaba el peligro, el temor y dejarse llevar por sus sentimientos y emociones, a pesar de todo lo aprendido, ellos dudan y cuando Jesús hace calmar el agua sienten miedo porque no pueden creer que un hombre común que estuvo con ellos tanto tiempo, pueda mandar al mar y allí recién caen en la cuenta del poder infinito de Dios.

Con esto podemos aprender una lección muy clara, el hecho de andar en el camino del Señor no nos librará de pasar por dificultades en nuestra vida y tampoco Jesús promete vida sin sobresaltos a los suyos, a pesar de que Él es el gran guía de los cristianos. Lo que sí podemos afirmar rotundamente, es que el Señor estará con nosotros en toda nuestra vida y nada podrá impedir que lleguemos al otro lado de la orilla.

Nosotros como creyentes, debemos darnos cuenta de que así como sucedió la tempestad, en la vida del cristiano también el camino está lleno de obstáculos y problemas, entonces nuestro amor y fe en Dios debe ser firme porque Él está siempre a nuestro lado para fortalecernos y ayudarnos. Nuestra fe debe crecer día a día para nuestra conversión y tener total confianza en el Dios Uno y Trino que nos guía y nos regala la buena noticia de la salvación del mundo a través de sus enseñanzas de amor al otro, de amor por toda la creación, de amor por la vida, de amor por la justicia, de amor en el más amplio sentido.

Poniendo toda nuestra confianza en el Señor, los invito a entregarse y cruzar a la otra orilla.

Sonia Beatriz Farfán
Colegio del Salvador – Jujuy

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