El Señor es mi pastor, nada me puede faltar

Yo estoy aquí (16º Domingo B, Mc 6,30-34)

Por Graciela Sarmiento

Generalmente vemos la imagen del pastor caminando al frente de su rebaño, guiando las ovejas. No siempre es así. El buen Pastor no siempre va delante del rebaño sino detrás, junto a las ovejas rezagadas, cargando a las más cansadas y animando a las que se detienen. La imagen de las ovejas dispersas y sin pastor viene del Antiguo Testamento.

Jesús y los doce toman la barca para retirarse al despoblado, el pueblo los sigue a la soledad, adelantándose. Al verse rodeado, Jesús siente compasión porque andaban como ovejas sin pastor.

Com-pasión significa padecer junto con. Jesús hace suyo el sufrimiento y el desamparo de la gente, se identifica con ellos, les anunciaba largamente el evangelio, muestra su infinito amor divino, que se expresa en su ternura humana.

Él nos guía, nos reúne, nos consuela, nos carga, nos anima, para no ser como aquellos cristianos que caminaban y caminan sin rumbo.

No es una tarea fácil la del pastor, porque muchas veces se enfrenta a lobos hambrientos, como el egoísmo, el desconsuelo, el desamor, el dinero, el desinterés por el que está a nuestro lado. La falta de fe, de perseverancia, de compromiso al servicio y al más necesitado, todo esto nos tienta a alejarnos del Pastor.

La gente seguía a Jesús porque él escucha y comprende, se compadece de sus miserias, de sus angustias y trata de aliviar la carga de sufrimientos. Esa actitud les pidió a los Apóstoles que envió a anunciar el Reino de Dios. Nosotros en lo cotidiano ¿tenemos la misma actitud?

Cuando realmente nos compadezcamos viendo la situación de nuestros prójimos, solidaricémonos con sus gozos y esperanzas, ahí nos sentiremos felices como los discípulos al volver de su misión.

Jesús-Pastor sigue siendo el que se identifica con los pobres y necesitados, los agobiados a quienes alivia, acoge, escucha, sana y dignifica. Pasó por la tierra haciendo el bien.

Confiemos en Jesús, “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar”. Interpelación a los pastores actuales en general, a quienes que en su sitio en la sociedad, sus capacidades, sus funciones, habrían de ser ejemplo y modelo de conducta humana, servidores de otros que ocupan su posición social para el propio lucro. Confundidos por falsos maestros, en una sociedad permisiva donde se ha derrumbado la escala de valores, más que nunca hay que escuchar a los pastores de la Iglesia enviados por Cristo.

El mal busca neutralizar la acción salvadora del Señor; Jesús dice “Yo he vencido al mundo” ¡La batalla está ganada!

Participemos de esa victoria, con perseverancia, con compromiso, con responsabilidad, con oración constante, con el buen ejemplo, con la verdad, con servicio de corazón en cada tarea que realizamos, sobre todo con quienes más nos necesitan.

Graciela Sarmiento
Parroquia Cristo Rey – Córdoba

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