El tesoro de la Comunidad

Yo estoy aquí (17º Domingo B, Jn 6,1-15)

Por Aureenhor Ian Capuyan Nercua svd

En el evangelio de hoy, el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces, es verdad que podemos decir que es un milagro de Jesús, pero con la colaboración de los hombres. Jesús sigue haciendo milagros todos los días con la colaboración de cada uno de nosotros. Nos invita a saber que cada vez que pedimos algo en nuestras intenciones o algo de nuestras comunidades, también hay que hacerlo de nuestra parte. No se puede pedir pan o trabajo al Señor y después quedarme con los brazos cruzados, hay que salir y buscar dónde lo puedo encontrar. Nuestra participación es un tesoro para nuestra comunidad, cumpliendo el milagro de Jesús en nuestra vida diaria de hoy.

La multiplicación de los panes fue para alimentar las ovejas del Señor, de su esperanza, de la fe, porque Dios quiere el bien para todos. Es por eso nuestra participación a esa misión es vital. Para profundizar esta reflexión, podríamos preguntarnos, ¿cómo curar el alma? San Juan en el evangelio de hoy nos muestra la repuesta concreta. Nos mostró a Jesús alimentando primero al cuerpo y después el alma. Tal cual que en los milagros del Señor, hay muchas curaciones del cuerpo. Porque cuando el cuerpo está enfermo, es muy difícil curar el alma. Si queremos ser verdadero discípulo con el espíritu de Jesús, debemos también estar atentos a las necesidades del cuerpo de las personas; podrían ser nuestros vecinos y familiares y luego curar sus almas. Hoy, son muchos los hambrientos, sedientos, enfermos, tristes, e infelices. ¿Qué haremos nosotros? Debemos hacer como lo hizo Jesús, para alimentar y dar esperanza a los hambrientos. Este es el desafió del evangelio para todos nosotros. ¿Cuál es tu participación en esta misión?

Podemos considerar también a la beata madre Teresa cuando vio la pobreza y la crueldad y se dijo a sí misma “algo debe ser hecho”. Y así tomó todo su dinero y alquiló un edificio viejo, no era grande, pero sirvió para su propósito. Al día siguiente la mujer caminaba por el barrio invitando a las personas de la calle, los niños y ancianos. Comenzó utilizando el edificio como aula, sin mesas ni sillas. Esa fue su manera de defender y confrontar la pobreza que la rodeaba. Hoy tiene 80 escuelas completamente equipadas, 300 farmacias modernas. 70 dispensarios de lepra, 30 hogares para gente moribunda, 30 hogares para niños abandonados y 40.000 voluntarios en todo el mundo que están colaborando.

El chico tenía cinco panes y dos pescados, y la Madre Teresa tampoco tenía mucho, pero Jesús le pidió todo para alimentar a la multitud.

Para terminar, no olvidemos nuestra participación, por poco que tengamos si lo ponemos en manos de Dios, habrá suficiente para todos, Dios se multiplica para todos. Los gestos del chico y de la madre Teresa eran pequeños, pero cuando dieron lo poco que tuvieron, fueron protagonistas del cambio en el barrio, la familia y el mundo.

P. Aureenhor Ian Capuyan Nercua, SVD
Parroquia San Cayetano – Palpalá, Jujuy

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