Jesús, pan de vida

YO ESTOY AQUÍ (19º Domingo B, Jn 6,41-51)

Por Etelvina Amelia Tejerina

En el Evangelio de hoy, San Juan nos revela a Jesús como el Pan de Vida. Podemos reflexionarlo desde dos puntos de vista:

1. Dios nos envía a Jesús hecho hombre por su sencillez, para que sea fácil comprenderlo. “Entonces la gente se preguntaba, ¿no es este Jesús el hijo del carpintero? ¿Cómo puede ser Él el elegido?” Porque Dios lo decidió así, para que sea fácil para nosotros. Lo podemos comparar y ver con la gente que presta sus servicios en la iglesia. Entonces decimos: ¿cómo puede ser que esa persona así esté trabajando en la Iglesia? pero Dios nos llama así, nos llama imperfectos, porque sabe que podemos dar más, porque quiere que nos asemejemos a él, por eso envía a Jesús, Dios-hombre, porque es más fácil asimilar que un hombre puede darse de tal manera por amor, con su humanidad. Lo pensó así para nuestra facilidad, para nuestra comprensión limitada. Es fácil comprender que es igual que yo, es mi hermano y aún así Dios lo llama y lo quiere, lo acepta, imperfecto, para que lo siga y pueda alcanzar la Vida Eterna.

2. Jesús nos explica que no hay otro camino para llegar al Padre, que él. Aquí se compara con el pan. Usa esa analogía para relacionar que es el alimento diario, lo más básico y esencial para el hombre. Se puede asemejar con “Yo soy el camino”, ¿en qué sentido camino? Asemejarnos a él, lo que él hace y por eso dice: si nosotros hacemos y nos comportamos como él vamos a llegar a Dios, aceptamos al hermano, ayudamos al pobre, nos damos al otro, perdonamos. O sea el mayor sacrificio que hace es ése: Amarnos tal cual somos, imperfectos y se da por ese amor, sin otro motivo que el amor, yo me doy por éste que no conozco pero igual entrego mi vida por esa persona. Los padres que comieron pan y murieron en el desierto fueron porque no era el momento. Pero después de su llegada, Jesús es el pan, para quienes coman de él, lleguen a Dios.

En la última parte, predice su sacrificio, ya que lo que hizo antes no fue suficiente. Vino con su humanidad para entenderlo y muchos no lo entendemos.

Para terminar, qué valioso sería si cada uno de nosotros con nuestros defectos y virtudes pudiéramos acrecentar nuestra fe y ponernos al servicio del Señor, especialmente quienes se sienten pecadores e indignos de participar y recibir el Pan, ya que Nuestro Dios Uno y Trino todos los días nos espera con el perdón por ser sus hijos.

Prof. Etelvina Amelia Tejerina – Jujuy

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