El creyente

YO ESTOY AQUÍ (22º Domingo B, Mc 7,1-23)

Por Raúl Oscar Vilca

En el Evangelio de hoy, Jesús nos habla de la limpieza del verdadero creyente y nos plantea dos puntos importantes:

1. Mirarse uno mismo, mirarnos hacia adentro: podemos reflexionar sobre nuestra limpieza interior y ser capaces de realizar una autocrítica. Podríamos pensar ¿qué es aquello que hace a mi corazón impuro? ¿qué debo hacer para tener un corazón puro, reflejo del Evangelio? No basta con seguir los preceptos ni los ritos, sino que lo que se dice se transforme en actos hacia el prójimo. Dios puede ver nuestros corazones y sus ambigüedades. Nos juzga por el amor en nuestras vidas, y por nuestros esfuerzos para amar al prójimo. Al final de nuestras vidas Dios no sólo verá lo que hicimos, sino la bondad del corazón con el que vivimos. ¿Cuánto bien podemos hacer a los demás desde nuestro trabajo, nuestro servicio, en la familia, con los vecinos, con los desconocidos? No sólo aparentar ser un buen cristiano, sino que verdaderamente ser un buen cristiano. Sólo tendrán valor las oraciones si nuestro corazón está cerca de Dios.

2. Mirar al otro: ¿cómo miro y juzgo al otro por su aspecto exterior? Volver la mirada al otro para criticarlo. Nos ha pasado creer que, por ejemplo, por el hecho de haber recibido todos los sacramentos somos más cristianos que las otras personas. ¡Cuántas veces vemos que gente que asiste poco o nada a las iglesias tienen un corazón más cristiano que muchos de nosotros! Y por el contrario, en quienes están tanto tiempo en las parroquias no hubo una conversión en sus corazones. Los ritos religiosos que practicamos si no expresan actitudes interiores, no tienen valor. Resulta fácil hablar de los demás, criticar su trabajo, pero estas actitudes sólo nos demuestran que llevar la Palabra de Dios debe responder a los actos en nuestra vida. Desde el interior nuestro pueden salir malos sentimientos que son los que manchan nuestra alma y nuestra vida.

En las palabras finales, Jesús nos expresa que los sentimientos malos proceden de un corazón frío y seco, que no estamos dispuestos a transformarlo. Sólo con la Palabra de Dios en acciones podremos acercarnos a su misericordia.

Raúl Oscar Vilca
Parroquia San Cayetano – Jujuy

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