Misión es compasión, abrazo en aquél que es rico en misericordia

Por José Luis Corral svd

El mes de octubre nos devuelve la ocasión de detenernos a contemplar, celebrar y resignificar la misión. El Espíritu hace misionera a la Iglesia, nos pide docilidad y disponibilidad a su acción creativa y creadora en medio de los cambios que nos tocan vivir. No solo a través del mantenimiento de las estructuras e instituciones, que son útiles, sino sobre todo abriéndonos a las posibilidades que el Espíritu nos descubre y mediante la comunicación de la alegría del Evangelio.

Hoy, de modo renovado, la misión nos pide un “cambio de chip”, un nuevo paradigma que parta desde el salir para ir al encuentro de los otros, allí donde están, para manifestar y transparentar la cercanía de Dios que consuela, camina con su pueblo y engendra esperanza.

La misericordia, es el modo de ser de Dios, Él nos lleva en sus entrañas; éste es el acontecimiento que anuncia Jesús, que nos invita a hacerlo experiencia propia y a testimoniarlo.

La misión es compasión, es salir “sin miedos, sin demoras y sin asco” para superar las distancias y para que los sufrientes, los estigmatizados por la sociedad, todos los hundidos en cualquier clase de miseria, el “material sobrante”, vidas sin futuro, experimenten en su propia carne la misericordia de Dios. Los que no interesan a nadie le interesan a Dios, los que sobran entre los hombres tienen un lugar privilegiado en su corazón, los que no tienen a nadie que se haga cargo de ellos tienen a Dios como Padre.

Hoy, la misión, nos invita a introducirnos en este movimiento de compasión para que sea la misericordia el principio inspirador de todas nuestras acciones que le imprime una dirección y se va configurando en un estilo de vivir. Mirar hacia quienes nos necesitan cerca para construir fraternidad, practicar samaritanidad, entrelazar projimidad hará que el sufrimiento del otro penetre nuestro ser enteramente y provoque una reacción para aliviar y servir.

La misión nos despierta de la indiferencia, nos hace ver el dolor y la carencia, nos hace oír los gritos de los que sufren, nos involucra en la historia con entrañas de misericordia. Lo decisivo es la compasión y la misericordia. La pastoral que plantea Jesús es reconciliar a los pecadores, buscando y acercándose a los alejados, a los extraviados, a los perdidos, a los últimos. Es la pastoral de la amistad, de la convivencia, de la mesa compartida que conduce a la Vida Plena y Abundante que Dios ofrece a todos. Por eso misión es: alimentar, dar, acoger, acudir, visitar, abrigar… la compasión se convierte en tarea de los seguidores de Jesús que se dejan afectar y conmover por sus gestos y palabras.

Compasión es interacción, es intercambio, es crear espacio y condición de vida para los otros, es ponerse cerca y en el lugar de los demás, es no dar rodeos ni pasar de largo ante el sufrimiento que nos sale al paso. La compasión nos hace pasar de la frialdad de la indiferencia a la calidez del amor y del encuentro.

Pidamos la gracia de ser misioneros de la misericordia, escuchar una y otra vez la llamada: “Sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso”.

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