Acción de gracias por los 125 años del Colegio San José de Esperanza

021115(2)Hoy elevamos una vibrante y alegre acción de gracias por todos los beneficios recibidos de Dios, nuestro buen Padre, a lo largo de estos 125 años.

Más de un siglo de vida de esta obra consagrada a la evangelización y a la educación, casa que bajo el patrocinio de San José, ha sido la primera casa de los Misioneros del Verbo Divino, no sólo en Argentina, sino en toda América.

El P. Becher, alma de esta iniciativa, escribía: “tenemos nuestro proyecto de erigir, no lejos de Santa Fe, en Esperanza, una casa misional en honor de San José… Esperanza significa Hoffnung. También nosotros albergamos la esperanza que desde esta casa, de concretarse su construcción, con la ayuda de Dios y el patrocinio de San José, ha de irradiarse copiosamente la bendición de Dios”. Y hoy estamos contentos porque hemos sido testigos de esa copiosa bendición, muchas generaciones se han impregnado y fecundado por esa lluvia de gracia.

El libro de la historia del Colegio San José se ha llenado de nombres, rostros, narraciones, semblanzas… El primer grupo de 60 alumnos matriculados, 10 internos, un puñado de religiosos misioneros, fue proseguido por muchos otros, una larga lista que llega hasta nuestros días. Hoy, con corazón agradecido, hacemos memoria y celebramos a tantos religiosos, maestros, profesores, colaboradores que han brindado parte de sus vidas a este servicio. La sociedad esperancina y localidades vecinas, han valorado y reconocido siempre la labor educativa de este Colegio, un número incontable de familias confiaron sus niños y jóvenes al Colegio San José. De sus aulas han egresado hombres y mujeres que han servido al bien común desde sus profesiones, cargos y ocupaciones.

Los inicios fueron muy humildes y pequeños, un terreno, 100.000 ladrillos, y una montaña de confianza en la providencia divina, que hizo que el primer sueño fuera abrigado y abrazado por muchos colaboradores de Esperanza y de las colonias vecinas. El arroyito se fue haciendo río y hoy es un mar. La semilla germinó y hoy gozamos de un árbol vigoroso con raíces firmes y con frutos abundantes.

El colegio tiene la noble misión de educar, ese arte superior de trasmitir cultura, conocimientos, valores, trasmitir la fe. Junto con las ciencias entregamos el Evangelio, el impulso misionero, los valores cristianos, la pasión por el Reino.

El sentido y finalidad última de un colegio católico, de un centro de formación verbita, es llevar a todos al encuentro con Cristo Vivo. Crear y propiciar un clima, atmósfera de cercanía, respeto, ternura y solidaridad donde se desarrolle el germen de la fe; donde se conozca y ame a Jesucristo, el Verbo Divino, el rostro visible de la Sabiduría y Misericordia del Padre. Ojalá todos los que pasen por este colegio experimenten en sus vidas a Jesús como el Amigo, Maestro, Señor de sus vidas, el que nos ama, perdona, acompaña, consuela y salva. El que abrió sus brazos en la Cruz y resucitado nos sale al encuentro siempre.

Jesús nos envía al mundo y nos dice: “vayan, anuncien el Evangelio, enseñen, hagan discípulos a todos los pueblos”. En esa corriente misionera, nuestros pioneros planearon esta institución, y en ese cauce misionero queremos permanecer y crecer. La misión la lleva adelante la comunidad de los apóstoles, una comunidad fraterna, (no es cuestión de los verbitas, o de los directivos de los diferentes niveles, o de un catequista). Somos enviados en comunidad y la tarea la hacemos en comunidad.

Jesús enseñaba con palabras y con obras los secretos del Reino, como Él queremos ayudar a descubrir y desplegar las capacidades y posibilidades de nuestros niños y jóvenes; con él queremos sembrar en la memoria, en la inteligencia, en el corazón las cosas de las ciencias y las cosas de Dios.

La Iglesia tiene a las escuelas como un medio privilegiado de evangelización, una tradición de ya más de 1.000 años en la vida eclesial. Queremos que en el proceso educativo cada hombre y mujer, además de recibir la riqueza cultural y científica, pueda encontrarse con Jesucristo, cara a cara, mano a mano. Las ciencias, el conocimiento, la cultura, no son opuestas a la fe, no se enfrentan de modo antagónico, dos concepciones de hombre y mundo, desde el colegio queremos, más bien, tender un puente. Se puede ser un buen cristiano, un creyente y un buen profesional, una persona entregada al servicio común, un buen ciudadano. Bien plantados en la fe, con la libertad del evangelio y con la verdad de las ciencias, con la ayuda de las técnicas y las expresiones artísticas, dialogar con todos e introducir la levadura del Reino en todos los ambientes y en todas las actividades humanas.

Pedimos renovar la pasión por la educación, ser educadores, profesores, discípulos, misioneros de alma, poner todo el cuerpo y corazón en este compromiso por seguir construyendo y contribuyendo como comunidad del Colegio San José de Esperanza. Que el anuncio del Evangelio, como decía San Arnoldo Janssen, como la expresión más sublime de amor al hermano y hermana, nos siga calentando el corazón y nos inyecte esa inquietud (ese hormigueo) de salir con entusiasmo al encuentro de todos y que todos conozcan la alegría de Buena Nueva que nos trajo Jesús, el Hijo de María, nuestro Hermano y Señor.

Demos gracias por estos 125 años, por todo lo hecho, y dejémonos contagiar por la pasión de tantos que ayer y hoy nos han entregado el Evangelio junto con sus vidas en el servicio de la educación.

Que San José nos siga guiando e intercediendo para que acompañemos a nuestra comunidad, como él acompañó a Jesús a crecer en edad, gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres. Que con la humildad, la sobriedad-austeridad, la confianza-audacia y la perseverancia de San José, sigamos remando en el río de la historia hacia otros 125 años.

P. José Luis Corral, SVD
Provincial ARS
30 de octubre de 2015





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