La Vida Consagrada en proceso de transformación, no de desaparición

Celebrando el Año de la Vida Consagrada como Misioneros del Verbo Divino

Por Carlos del Valle svd *

Hay quienes se preguntan si la vida religiosa está viva o si es sólo una página gloriosa del pasado. El barómetro no es el número, sino la calidad de vida. La Vida Consagrada (VC) muestra su calidad cuando es luz para los que buscan a Dios y levadura y sal para cambiar este mundo. Nos paraliza el vivir más preocupados por la supervivencia que por la vivencia súper: una VC a la altura de su misión. A lo largo de los últimos años he estado en contacto con tantos religiosos y religiosas que viven gritando el Evangelio con la vida. Están diciendo que el espacio de la VC en la sociedad no es el poder. De ahí mi convicción: La VC no está en proceso de desaparición sino de transformación.

En la misión el pueblo chileno me ha contagiado el deseo de gustar la vida en proximidad de corazones. Le debo el alimento de la propia vocación. Cuando llegué a mi parroquia, sentía que la gente necesitaba de mí. Al salir sentí que soy yo quien necesito de ellos. Fui a la misión como profesor; regresé como alumno, capaz de sentarme a los pies del «maestro» que son los sencillos. Jóvenes y ancianos con deseo de ser acogidos, valorados, escuchados. Crecemos gracias a la atención que nos dan los demás. Todo amor lleva a la entrega: la madre al hijo, el esposo a la esposa, el religioso a su vocación: los otros. Nos desgastamos en la misión. Si alguien no está un poco desgastado, es que se ha gastado poco. Dios entra en el corazón de los pobres por la puerta de la entrega, más que por la del templo.

Pienso que mi vida ha pasado por tres etapas: En la primera, predominaban las formas; en la segunda, las ideas; en la tercera, los acontecimientos. Evangelizamos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Ser misionero no me ha sido fácil. No se trata de saber, tener habilidades comunicativas. Exige coherencia, armonía de vida, y eso es difícil en todo ser humano. Para una vida coherente no hay mejor desinfectante que el contacto con niños y jóvenes, débiles y pobres. No nos dejan instalarnos, ni ser tan incoherentes. Nuestra misión es y será juzgada en el tribunal de los sencillos.

Al hablar de nuestro estilo de vida normalmente multiplicamos las ocurrencias, pero lo que le da consistencia son las creencias. No se trata de ser más piadosos, más perfectos, sino más creyentes. Descubrir en la fe la fuente de sentido: lleva al mensajero a identificarse con el mensaje. Para Jesús hay dos cosas que no permiten la entrada en el Reino: el poder y el honor. Si hay algo que está desapareciendo, es la imagen del religioso poderoso y honorable. Cuántas veces cambiamos el servicio por el prestigio. Hasta somos capaces de servirles la mesa a los pobres (conservando protagonismo); pero esa humildad no nos alcanza para sentarnos a la mesa con ellos, en plano de igualdad.

Escuchar a los niños nos vacuna contra el protagonismo. En cierta ocasión un niño chico me dice: “Padre, usted habla mucho de Jesús… ¿es amigo de él o sólo compañero de trabajo?” En el clavo… ¿Soy yo testigo de Jesucristo o funcionario de lo sagrado? ¿Vivo la misión o el cargo? Religioso es un apasionado por Jesús, los pobres, la hermandad humana. Todo lo demás es comentario, medio, toscamente secundario. Cargos y cargas, lugares, parroquias, personas son fuente de alegría cuando se ama al Señor en los pobres. Lo primero en la misión es acoger el Evangelio, que nos viene al Presentamos a continuación una reflexión del Padre Carlos del Valle, el Rector del Colegio San Pietro en encuentro en tantos signos, personas, acontecimientos, y no hacerle sombra con nuestras ideas, prejuicios, temores, insensibilidad. Dios se hace presente en personas que promueven fraternidad, deseo de justicia, verdad, belleza. Una presencia que no debe ser fabricada sino descubierta, desvelada. La VC es fecunda no sólo cuando testimonia el bien, sino cuando sabe señalarlo donde no se ve. Pero para reconocer a Jesús en los que sufren, antes hay que conocerlo. Al hablar de Jesús, me gustaría parecerme a un chileno relatando sus viajes en vacaciones. El religioso, al que no le brillan los ojos cuando habla de Jesús, no transmitirá nada nuevo que valga la pena; caerá en la rutina, el tedio.

La misión exige entablar vínculos de amistad con los débiles. Es fácil encontrar al pobre. Lo difícil es continuar en el encuentro, convertirlo en vida y misión. Todo religioso debería ser amigo de un pobre. Recuerdo a un joven que se me acerca, cuenta su drama y pide ayuda. Lo escuché y le di unas monedas. Me miró y me dijo: «Padre, ¿usted me quiere ayudar, o me quiere?» Sólo acerté a darle un abrazo. Recibir y dar cariño alivia el sufrimiento. No sólo responder a necesidades, sino abrir espacios de encuentro y diálogo. Misión es el encuentro de Jesús con la adúltera: una clase de derechos humanos y de ternura. Normalmente entendemos y practicamos la solidaridad como ayuda al que sufre, y no como dar y recibir del que sufre. Dar sin amar es un insulto a la dignidad del otro. La fe lleva a «creer en Jesús» y «creer como Jesús». Necesitamos ser cuidados por otros para sobrevivir. La esencia humana está en la capacidad de cuidar, ser cuidador, no dominador.

Es bueno preguntarse: ¿dónde tengo las zapatillas? ¿con quién descanso?, ¿con quién lo paso bien? Nunca entendí a cohermanos que trabajan entre los pobres, y en las fiestas populares se van a la playa. Se privan de la alegría que lleva a sentir la presencia de Dios en la celebración de la vida con los sencillos. El ciego Bartimeo arroja el manto, su seguridad, para acercarse a Jesús. Nuestros mantos que no logramos arrojar para acercarnos a él: ideas, costumbres, rutinas, verdades seguras (excluyentes), comodidad, piedades… nuestros pecados. Cuando los pobres te abren el corazón compartiendo sus debilidades, a menudo se imponen la penitencia de invitarte a su casa. La mejor manera de salir de nuestros pecados es sentir el gozo del encuentro, con la entrada de Dios en nuestra vida.

* El P. Carlos del Valle svd, es de origen español, vive actualmente en Roma y fue provincial de Chile por dos periodos.

Fuente: Arnoldus Nota, noviembre 2015

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