Vivir en el Misterio de Dios

YO ESTOY AQUÍ (33º Domingo B – Mc 13,24-32)

Por Etelvina Amelia Tejerina

En el Evangelio de San Marcos, Jesús nos expresa la misión de todo cristiano: lo que deberíamos hacer como hijos de Dios para estar listos y preparados al recibirlo. ¿Cómo podemos realizar esta misión?

En primer lugar, nos preparamos mediante la realización de nuestros actos como cristianos. Y esto nos lleva a reflexionar:

– ¿Qué hacemos ante el prójimo? ¿Tenemos la vocación de ser llamados Hijos de Dios? ¿O estamos viviendo una vida sin sentido?

– Como padres, ¿estamos con nuestros hijos, nos interesamos por ellos, nos acompañamos en nuestra vida cristiana?

– Como familia, ¿vemos y compartimos nuestras dichas y desdichas con familiares, ayudamos en sus necesidades?

– O como simple trabajador, ¿nos comportamos con honestidad y responsabilidad en nuestra tarea cotidiana?

En segundo lugar, mediante la comparación con la higuera, Jesús nos hace reflexionar sobre la fugacidad de la vida, sobre lo efímero. Cuán poco dura la vida y cuánto nos falta para ser llamados ser hijos de Dios. La imagen de la higuera nos enseña que la vida es muy corta, y hay que aprovecharla para hacer algo por por los demás. No importa la cantidad de tiempo, poco o mucho, lo que sí importa es que hagamos algo bueno con él. Si nuestras acciones expresan el amor de Cristo, vamos construyendo de a poco ese cielo que nos espera.

En tercer lugar, la expresión de “congregar a los elegidos” hace referencia a nosotros, que tenemos la oportunidad de vivir y ofrecer nuestros dones a Dios y a nuestro prójimo: somos nosotros los que estamos dispersos, los que nos hemos alejado, los que encontramos dificultad en congregarnos, en vivir unidos y en paz. Los que nos separamos, nos aislamos y sentimos que la vida no tiene sentido.

Quizás por problemas que parecen que no tienen solución, problemas que nos hacen caer bajo y buscamos la solución con cosas externas, vacías y falsas. El hecho de sentirnos insatisfechos con nosotros mismos, no nos deja ser felices y olvidamos que nuestra misión es vivir como Hijos de Dios.

La imagen de Jesús, Hijo del hombre, reuniendo, congregando, sanando heridas, restituyendo amistades rotas, reconstruyendo la sociedad humana en el fin de los tiempos, es verdaderamente una esperanza.

Finalmente, abramos los ojos del alma y démonos cuenta de que el Señor nos ofrece incontables gracias para acercarnos a él, de modo que nos preparemos para el encuentro definitivo en el cielo. Esto también debe resonar en los oídos de nuestra alma a lo largo de los días, de las semanas, de los meses: Dios está cerca y viene. No mañana. ¡Hoy! No se trata de un Dios que vive alejado de nosotros. Es el Dios que está cerca, ahora. Es un Padre que está esperando que abramos la puerta y que nunca deja de pensar en nosotros. ¿Lo recibimos?

Etelvina Amelia Tejerina
Parroquia San Cayetano, Palpalá – Jujuy

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