Practicar la misericordia, la caridad y solidaridad

YO ESTOY AQUÍ (3º Domingo de Adviento C – Lc 3,10-18)

Por Víctor Hirch svd

Transitamos el tiempo de Adviento, preparándonos a la natividad de Jesús. Precisamente, el pasaje que compartimos este domingo (Lc 3,10-18), se trata de esta preparación: Juan el Bautista les anuncia las bases de la Buena noticia a los hombres y mujeres de su tiempo.

En tres ocasiones, en este pasaje del Evangelio, escuchamos la pregunta: “¿Qué debemos hacer?”. La gente, los publicanos y los soldados, preguntan a Juan el Bautista.

Juan, responde con la dimensión social y ética del programa con el que anunciaba al pueblo la Buena Noticia, de quien lo sucederá: Jesús.

A la gente le dice que no acumulen, que repartan, que den lo que tienen. A los publicanos que no exijan más de lo estipulado. A los soldados que no se corrompan, que no tergiversen, que no abusen.

¿Y qué debemos hacer? Los cristianos, los seguidores de Jesús, lo que debemos hacer es practicar la solidaridad y la ética. Al comenzar este tiempo del año santo de la “misericordia” invitados por el papa Francisco, nos re encontramos con el mensaje de Jesús: misericordia, caridad, solidaridad. Ética, moral, ser buena gente, evitar los hechos y actos de corrupción. Estar atentos a las necesidades de los demás.

Juan nos promete de Jesús el bautismo en el Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús confiamos en la presencia viva del Espíritu Santo, a ese Espíritu debemos volver, una y otra vez, para saber precisamente ¿qué debemos hacer?

San Arnoldo Janssen, fundador de la Congregación del Verbo Divino, era un ferviente devoto del Espíritu Santo. A él recurrió en su vida, se consagró personalmente, con fe ferviente para encomendarse él toda su obra misionera. A él encomendó dos familias religiosas. A él pidió a sus seguidores que se encomendaran diariamente.

Es el Espíritu de Dios el alma de la iglesia y de la misión. No se trata de una imagen idílica, sino fundamental y básica para todos. A él debemos preguntar cada día, en discernimiento vigilante, ¿qué debemos hacer?

Ya en el libro de Isaías (capítulo 58,6-11), el profeta recordaba a todo el pueblo de Israel su misión como pueblo:

«Abrir las prisiones injustas, romper las correas del cepo, dejar libres a los oprimidos, destrozar todos los cepos; compartir tu alimento con el hambriento, acoger en tu casa a los vagabundos, vestir al que veas desnudo, y no cerrarte a tus semejantes. Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas se cerrarán enseguida, tus buenas acciones te precederán, te seguirá la gloria del Señor. Entonces llamarás al Señor y responderá, pedirás socorro y dirá: “Aquí estoy”.

Si apartas los cepos de en medio de ti, si no delatas acusando en falso; si partes tu comida con el hambriento y sacias el hambre del indigente, entonces brillará tu luz en la tiniebla, tu oscuridad será igual que el mediodía.

El Señor será siempre tu guía, saciará tu hambre en el desierto, hará vigoroso tu cuerpo, serás como un huerto regado, como un manantial de aguas cuyo cauce nunca se seca».

Hno. Víctor Hirch svd
Hogar Madre Teresa de Calcuta, Quilmes – Bs. As.

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