Dios no condena… ¿y nosotros?

YO ESTOY AQUÍ (5º Cuaresma C – Jn 8,1-11)

Por Nélida Namuncurá

Una vez más los fariseos lo ponen a Jesús enfrentado con una situación incómoda. Cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, para que haga un juicio a esta mujer y aplique la sentencia que establecía la ley de Moisés, para estos casos, y que era la muerte por lapidación.

Tenemos a los fariseos acusadores y a la mujer pecadora. Por eso Jesús les dice, “El que esté sin pecado, que le tire a esta mujer la primera piedra”. Y frente a esta propuesta, todos quedan desarmados. Seguramente ya tenían las piedras en sus manos, y las fueron dejando caer disimuladamente al suelo, y después de examinar un poco su propia conciencia, empezaron a retirarse uno tras otro, empezando por los más viejos. Cuando Jesús queda sólo ante la mujer le dice: “¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

Esto revela varias cosas: lo primero es que Jesús, el único que está sin pecado, no juzga. Mientras que los que sí tenían pecado, no sólo juzgan, sino que condenan. Es notable cómo esto es lo que sucede cada día y en cada ocasión: los que somos pecadores, nos atrevemos a juzgar a los demás. Mientras que Jesús, dice una y muchas veces: Yo no he venido a juzgar, sino a salvar.

En la vida no nos acordamos de nuestras muchas faltas, de nuestros frecuentes pecados. Sabemos, en cambio, ver (a veces suponer) los pecados de los demás. Ya lo había dicho él: sabes ver la paja en el ojo ajeno, y no miras la viga que tienes en el tuyo. ¿Cómo podemos tener tan poca misericordia los que hemos recibido el perdón de Dios una y mil veces? Si uno ha tenido caídas, ¿cómo no sabe acordarse de su propia debilidad, y tiene la osadía de juzgar y condenar a sus hermanos? El Hijo de Dios, el Santo, no juzga, y los pecadores, nosotros somos los que juzgamos.

Son muchas veces las personas que se consideran a sí mismas “buenas” las que se dedican a este oficio: juzgar a los demás, condenar sin misericordia. Eso indica mezquindad, actitud poco cristiana. Eso indica que esos “buenos” simplemente no son lo suficientemente buenos, les falta lo fundamental del “estilo” cristiano, que es la caridad; y, como dice San Pablo, si no tengo amor, no soy nada.

Nélida Namuncurá
Parroquia Sagrado Corazón, Picún Leufú – Neuquén

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