Las comunicaciones en el centro mismo del trabajo y misión eclesiales

Por: Praxedis Bouwman, Vicepresidente de la WACC

¡EL mejor lugar para la comunicación vertical “de arriba hacia abajo” está en el museo! Ahora existe una población global que se desplaza constantemente, que está en línea con acceso a una enorme gama de información vertiginosa que puede leer, escuchar, ver y con la cual puede interactuar. Las iglesias y las organizaciones eclesiales sólo pueden mantener el paso con este avance buscando que la comunicación se encuentre en el centro mismo de la organización como un todo. La comunicación requiere que nos acerquemos a ella con una estrategia holística, no reducida a un servicio “meramente práctico”.

Me sorprende que con frecuencia se vea a la misiología, esto es el estudio y reflexión sobre la misión, de forma holística pero si comienzo a hablar de “comunicación”, las personas en la estructura eclesial tienden a verla como una disciplina de segunda o tercer nivel. ¿Qué efectividad podríamos obtener si la teología, la misiología y la comunicación pudieran ir de la mano y efectuar una polinización cruzada?

Más bien resulta penoso darse cuenta que las iglesias, que abordan la cuestión de la religión como uno de los aspectos más básicos de la existencia humana hayan, en gran medida, perdido de vista este cambio en cuanto a “cómo entrar o estar en diálogo” con la gente en esta nueva realidad de las comunicaciones. Su fracaso se debe principalmente a que no están al tanto del rápido desarrollo y posibilidades de internet, y una vez a la zaga es difícil ponerse al día.

Quizá hay mayor esperanza si se trata de mantenerle el paso con los medios más importantes de comunicación en el futuro inmediato: la telefonía móvil. A diferencia de la computadora e internet, que requieren de infraestructura significativa y uso de energía eléctrica, la telefonía móvil tiene cobertura casi en todos lados, lo cual debe complacer a cuantos temen que se produzca una exclusión de la información. Aún así, este futuro móvil también requiere reconsiderar “cómo” comunicar, ya que abre más puertas para enfocar la comunicación desde una perspectiva contextual y recíproca.

La Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana, WACC, expresa claramente su visión en los principios de la comunicación cristiana: “Jesús anunció la venida del Reino de Dios y nos encomendó la misión de proclamar la Buena Nueva a todos las naciones hasta la consumación de los siglos. Escuchar la Buena Nueva, vivir por ella y dar testimonio de ella: he ahí la vocación básica de todos cristiano.” Es el Espíritu Santo que “puede convertir la confusión de Babel en un Pentecostés de genuino entendimiento. Pero el Espíritu ‘sopla de donde quiere’ (Juan 3:8), y nadie, ni la iglesia ni grupo religioso, puede pretender controlarlo.”

Este vínculo estrecho entre misión y comunicación trasciende permitiéndonos un verdadero diálogo con la justicia en su centro, de acuerdo con los principios de la WACC: “El Evangelio, que es el anuncio de la Buena Nueva a los pobres, necesita ser reinterpretado constantemente desde la perspectiva de los pobres y los oprimidos. Esta exigencia es un desafió a las jerarquías eclesiásticas para que se desvinculen de las estructuras de poder que mantienen a los pobres en una situación de subordinación. En ese sentido, la Buena Nueva a los pobres implica una auténtica reconciliación gracias a la cual es posible reafirmar la dignidad de todas las personas.”

Los principios concluyen: “La comunicación debe ser considerada un elemento fundamental para las iglesias, como el proceso por el cual se recibe y se comparte el amor de Dios, creando así comunión y comunidad.”

¿Por qué la comunicación merece ocupar esa posición toral? Revisando la enorme cantidad de literatura, aun cuando es muy poco común que alguna se refiera específicamente a comunicación y religión, la comunicación queda claramente definida no como un tipo de producto práctico o servicio sino como proceso. Yo lo podrían en los siguientes términos:

La comunicación es un proceso simbólico complejo mediante el cual se produce, mantiene, repara y transforma la realidad.

La comunicación se entreteje con la cultura, sea encabezándola ?como algunos establecen? o dominándola ?como dicen otros?. Es una necesidad humana básica y un derecho humano fundamental, como se establece en los principios de la WACC: “el don mayor que Dios ha hecho a la humanidad”, socialmente necesario para la cohesión. Reúne a las personas, con sus propias percepciones y actitudes ?que quizá se basen en creencias provenientes de una tradición? en una identidad compartida. El centro mismo de la comunicación es articular, inspirar e incluso transformar esa identidad, tanto para quienes están dentro de esa tradición como quienes están fuera. Esto es el elemento esencial de la comunicación particularmente en relación con la religión, lo mismo que con la cultura.

Trascendiendo el “viejo” concepto de comunicación como simple proceso de transmisión, avanzamos hacia una “nueva” forma de pensar: la comunicación es un proceso mutuo para construir comunidad. Para la religión ello incluso va más lejos: construir una comunidad de inclusión significativa implica empoderar una comunidad, para que se comunique de forma precisión y oportuna en todos los niveles.

Esto nos lanza el desafío de abrir nuevas vías y reconsiderar la tensión entre transmisión, proclamación y diálogo; a reconsiderar y re-ordenar la totalidad del proceso de comunicación dentro de la Iglesia misma; a atrevernos a pensar en formas de diálogo ?de abajo hacia arriba en lugar de arriba hacia abajo? y pensar contextualmente. En lo más esencial ello requiere que pensemos sobre nosotras/nosotros mismos: ¿quiénes somos como iglesia, qué queremos ser, qué tenemos que ofrecer? Pues sólo conociendo la identidad, la auto-comprensión de la iglesia o la organización relacionada con la iglesia, quienes se vean atraídos en el diálogo podrán confiar en aquel cuerpo.

Viendo en nuestro rededor, puede que no tengamos mucho tiempo para transformar nuestra comunicación. En mi país natal, Holanda, 300 templos católicos han cerrado en los últimos 30 años, lo mismo que 600 templos protestantes. Esto equivale a 30 al año. En los próximos años se anticipa que por lo menos cierren al culto religioso dos templos a la semana.

En estas épocas que corren tras la caída del muro, las iglesias en Europa han tenido que hacer grandes cambios. Las iglesias de Europa Oriental han tenido que ponerse al corriente en muchos sentidos con la vertiginosa sociedad de la información, al mismo tiempo que han tenido que reconstruir las iglesias a partir de las ruinas que dejaron los regímenes totalitarios. Las iglesias en Europa Oriental enfrentan cada vez más una sociedad secularizada. En ambos contextos, las iglesias han tenido que redefinir su posición y siguen haciéndolo.

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Qué se requiere

La pregunta es, por supuesto: ¿Cómo colocar la comunicación en el centro mismo de las iglesias, vinculada con la misiología, la teología y al ser holística?

Primero, como precondición quiero subrayar la diferencia entre iglesia como una institución y la iglesia como comunidad de santos. La Iglesia como institución es una construcción administrativa, útil para ordenar la vida de la iglesia y una necesidad para regular la organización de la comunión. La Iglesia como comunión de todas/todos los santos es, dicho a grandes rasgos, el contenido de la iglesia. Y es ahí, lógicamente, donde se ubican la teología y la misiología, donde se encuentra la comunicación. La iglesia como comunión de todas/todos los santos incluye la institución, pero sobre todo es la iglesia donde está la gente.

Permítanme decirlo de forma ligeramente distinta: la iglesia es donde está la gente. Entonces, la segunda precondición antes de preguntar “cómo” es reconocer que ninguna iglesia, ninguna comunicación puede existir sin personas. Las personas se relacionan entre sí mediante la comunicación; todo mundo se comunica. Este talento entregado a los seres humanos se considera tan importante, que el derecho a la comunicación incluso está protegido por declaraciones internacionales, frecuentemente hechas junto con la libertad religiosa. La comunicación hay que verla holísticamente porque está en todos lados. Es la herramienta para conectarse, para estar conectada/do, para ser humano en la comunidad de todas/todos los santos.

El principal ingrediente que permite una comunicación holística es la “reciprocidad”. Tiene que tomar en consideración todos los niveles de comunión, así como los que están fuera. Después para que esta comunicación sea recíproca, la otra clave es contextualizar.

No hay duda que la teología es holística en la comunión, y la misiología poco a poco deviene holística dejando de ser vertical en varios espacios. La comunicación holística tiene que ser el tercer elemento principal de esta comunión. Todo mudo, en cada nivel, debe estar consciente de la comunicación: quiénes somos, qué tenemos que ofrecer, por qué somos quienes somos, cómo aprendemos mutuamente de nosotras/nosotros, cómo nos desarrollamos, cómo atraemos, cómo nos expresamos nosotras/nosotros mismos, etcétera. De esta manera la comunicación es toral.

En tanto que institución, podemos ver a la iglesia como facilitadora de procesos y avances, y aquí es donde esta forma de pensar tiene que comenzar. De manera que cuando se toman decisiones y la iglesia delibera sobre aspectos de su vida, los profesionales de la comunicación tienen que estar ahí. Cuestiones de misión, teología, la vida de la comunión de los santos, no pueden decidirse de forma aislada sino junto con las preguntas ?y respuestas? de cómo compartimos, hablamos, escuchamos, mostramos, llegamos a las/los otros, cambiamos. Tomar decisiones considerando la comunicación holística depende de hacer desde un inicio las preguntas correctas y dar las respuestas correctas.

La idea de un Departamento de Comunicación, generalmente visto en las instituciones de la iglesia como un departamento es redundante. Los profesionales de la comunicación como equipo están en todas partes, no sólo “haciendo” sino capacitando, facilitando y apoyando cada parte de la iglesia, de manera que la iglesia esté más presente y de forma más efectiva en la vida de las personas. Los profesionales de la comunicación son arañas en la web (en la red); capaces de ir donde sea necesario sin barreras, llegando hasta la gente donde quiera que se encuentre.

La gente siempre se puede comunicar, y en este preciso momento, muchas personas se están comunicando en formas que hacen obsoletos los sistemas de la iglesia y dejan muy rezagadas a sus jerarquías. La iglesia tiene que unírseles; reconocer la reciprocidad de la comunión de los estados, el contexto en el cual vivimos y compartimos. La comunicación holística es un compromiso con la inversión en tecnologías y en promover actitudes que den a las personas en las iglesias (y a las organizaciones relacionadas con la iglesia) la oportunidad de compartir, comentar, crear, conformar la iglesia: de ser la iglesia donde está la gente.

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Fuente: WACC

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