Señor, tú sabes que te quiero

YO ESTOY AQUÍ (3º Pascua C – Jn 21,1-19)

Por Ian Nercua svd

En este domingo seguimos reflexionando la Resurrección del Señor. Jesús continuó diciendo que ahora, después del triunfo de la Cruz, había que llevar esta salvación a todos los hombres. Es por eso que el plan de Dios no termina con la resurrección porque cada uno debíamos predicar o compartir tal acontecimiento a todos.

El relato del evangelio nos presenta una comunidad que está pescando, bajo la imagen de la pesca, los evangelios sinópticos representan la misión que Jesús confía a los discípulos (cf. Mc 1,17; Mt 4,19; Lc 5,10): liberar a todos los hombres que viven sumergidos en el mar del sufrimiento y de la esclavitud. Y la pesca se realiza durante la noche. La noche es el tiempo de las tinieblas, de la oscuridad, la ausencia de Jesús, y la llegada de la mañana (de la luz) coincide con la presencia de Jesús, él es la luz del mundo. Así, el Evangelio nos invita como discípulos en misión, continuando el proyecto liberador de Jesús Resucitado.

Quisiera tomar como ejemplo las inundaciones en estos días. ¿Qué hemos hecho? ¿Logramos consolar los sufrimientos y responder a las necesidades de nuestros hermanos inundados? ¿Aún hicimos algo para colaborar y brindar asistencia a las familias afectadas? ¿Qué haría Jesús si estuviera con nosotros?

Esta realidad nos presenta un aprendizaje, nos falta trabajar en conjunto como ciudadanos para responder a los damnificados. Podemos esforzarnos mucho y dedicar todas las horas del día al esfuerzo de cambiar el mundo, pero si Cristo no está presente, si no escuchamos su voz, si no oímos sus propuestas, si no estamos atentos a la Palabra que él continuamente nos dirige, nuestros esfuerzos no tendrían ningún sentido y no tendrían ningún éxito duradero.

Nuestro pueblo está necesitando la alegría de la resurrección para evitar los dolores y los sufrimientos enraizados en malas decisiones. Jesús no quiere que nadie quede afuera: todos los seres humanos están invitados a recibir esta alegría y esta nueva vida. Cada hombre o la sociedad humana tienen que comenzar a vivir la vida de la resurrección. Es cierto que cada uno tiene que cambiar pero también hay que llevar a otros la buena noticia.

Que las palabras de Jesús resucitado cambie nuestras formas de pensar y de actuar. Desde el interior de nuestros corazones debe venir el cambio que transforme la familia o la comunidad en la que vivimos. Esto es lo que llamamos “evangelizar”. Debemos transformar el mundo llevando a todos los hombres la palabra poderosa del Evangelio, que es capaz de transformarnos a todos. Y cada vez que el cansancio, el sufrimiento, el orgullo, la desunión, y el desánimo tomen posesión de nosotros, recordamos las palabras de Jesús el evangelio de San Juan 9,4-5: “Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”.

Comencemos a resucitar desde ahora, juntos como hermanos. Esta es otra buena noticia que nos trae la Resurrección.

P. Ian Nercua svd
Parroquia San Cayetano, Palpalá – Jujuy

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