Juan Markievicz svd

+ 16.07.2016 (1928-2016) / 28-47-49-55-57

160716En la madrugada de hoy falleció nuestro cohermano Juan Markiewicz svd. Desde hace más de un año estaba en la casa de Fátima, debido a que un ACV (Accidente Cerebro Vascular) lo había dejado postrado.

El P. Juan fue uno de los fundadores del Barrio Villa Cabello (Posadas), como también de la Fundación Villa Cabello, que administra varios institutos educativos en la provincia de Misiones.

Sus restos están siendo velados en el templo parroquial de Villa Cabello que el mismo P. Juan construyó y donde durante mucho tiempo fue párroco. La misa de cuerpo presente será a las 16:30 hs. y será sepultado en el mismo templo parroquial luego de la misa.

Nos unimos en oración por su eterno descanso.

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El emotivo adiós al padre Juan Markievich

El P. Juan Markiewicz, ideólogo del proyecto y fundador de Villa Cabello, falleció el sábado 16 de julio 2016 y sus restos fueron inhumados, a modo de excepción, en la parroquia “Inmaculado Corazón de María”, desde donde dirigió su obra evangelizadora por muchos años.

Estaba postrado tras el ACV que sufrió en febrero de 2015 y su deceso se produjo en horas de la madrugada. A media mañana comenzó el velatorio en la sede parroquial, hasta donde se acercaron numerosos fieles, profundamente acongojados por su partida.

Después del rezo del santo rosario, testimonios de sus colaboradores y una misa de cuerpo presente, presidida por el padre Juan Rajimón svd, el cuerpo fue depositado en una bóveda construida dentro del mismo templo.

Había nacido hace 88 años -los cumplió el 26 de junio- en Rincón de Azara, municipio de Apóstoles. Era hijo de inmigrantes ucranianos, y se crió en la chacra junto a sus 15 hermanos, tres de ellos sacerdotes. Fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1957.

Mientras perfeccionaba sus estudios en Alemania, proyectó una ciudad sin miseria y hace 43 años fundó Villa Cabello con el fin de paliar el hambre de un centenar de personas que vivían olvidadas en el Oeste de Posadas. El lugar era entonces una zona de montes que quedaba a dos horas del centro, por un camino cortado por arroyos y tacurúes.

Villa Cabello, con casi 100 mil habitantes, fue el sueño hecho realidad del padre Juan junto a Ruth Ingrid Schmidt y a la religiosa Francisca Hohenwieser. Construyó la iglesia, la escuela primaria y luego la secundaria, y la denominada Zona Oeste fue creciendo hasta convertirse en lo que hoy significa dentro de la capital de la provincia.

Sus colaboradores lo recordaron con una mezcla de sentimientos, con alegría por compartir sus vivencias y con la tristeza propia de la partida, como un hombre de fe inquebrantable que se preocupó por misionar en los hogares, que siempre recalcaba que “había que gastar la vida por el Evangelio, por la causa de Cristo” y pregonaba que se instruyera a los alumnos con conocimientos y educarlos como personas integrales y en la fe. Todas las mañanas a las 7 daba una vueltita por los colegios de la Fundación, preguntando por los problemas que se presentaban y alentando a los docentes. Por su labor educativa, el Concejo Superior de Educación Católica Argentina (Consudec) le otorgó la distinción Divino Maestro.

“La suya fue una vida de entrega”

El P. Juan Rajimon, superior provincial de la Congregación del Verbo Divino (ARE), explicó que el hecho que los restos del sacerdote descansaran dentro del templo parroquial era un deseo de la comunidad, porque “es el fundador del barrio, desde la colocación del nombre; el presidente de la Fundación y fue él quien construyó el templo, por lo que es significativo que descanse aquí. Es una excepción que vamos a hacer y queremos que sea un signo de vida misionera en Villa Cabello”.

Insistió que para “nosotros es un ejemplo de vida misionera, una persona luchadora, emprendedora, de un servicio incansable. Desde el principio de su vida fue un hombre de fe que tenía a la gente como principal objetivo. Supo trascender todos los límites de la norma, del estilo de la vida misionera. Donde veía la necesidad, respondía: para quienes no tenían casa emprendió el proyecto de las viviendas, pensó en las escuelas, los comedores, las guarderías, la catequesis, la formación teológica. Fue un hombre muy completo en lo que fue su vida de misión”.

Agregó que como miembros de la Congregación “estamos orgullosos por todo lo que aportó. Fue perseverante e insistente con sus ideas, manteniendo sus convicciones. Esto marca un estilo de vida, de santidad. Rezaba mucho. Sin una vida de oración fuerte no podría llevar adelante este ritmo. Siempre cerca del confesionario escuchando a la gente y sumamente generoso”.

Lamentó que en los últimos tres años los Misioneros del Verbo Divino perdieron siete sacerdotes. “El 30 de junio se nos fue el P. Bronislao Lagocki y ahora el padre Juan”, por lo que pidió que Dios “mande muchas vocaciones como fueron ellos”.

Invitados a seguir sus pasos

“Él no fue un sacerdote común. Tuvo una visión y una manera muy clara de encarar el Evangelio, de transformar la realidad donde se vive. No pasaba sólo por las devociones y las celebraciones litúrgicas, sino que se preguntaba ¿qué se puede hacer aquí y ahora por la gente que sufre, por la gente que necesita? Guardo muy lindos recuerdos de mi juventud, cuando era catequista”, manifestó Lidia González, vecina de la Chacra 150.

En sus orígenes Villa Cabello era una zona de monte y cuando él puso la piedra fundamental, “nunca retrocedió”. “Tuvo esa visión de crear centros educativos porque daba mucha importancia a la educación. Decía que gracias a ella la gente puede vivir de su propio trabajo. Tenía esa espiritualidad de los grandes de la iglesia, que dicen, desde la visión cristiana, que la fe en Dios otorga esperanza y caridad. Se estableció en un lugar donde había villas, gente abandonada, campos y decía acá hay que plantar la iglesia, hay que construir colegios, dar trabajo a la comunidad, los niños se tienen que formar cristianamente y en las instituciones, para ser ciudadanos útiles, responsables, dentro de la sociedad. Eso es lo que me queda”, relató emocionada.

Hace dos años González fue a visitarlo cuando ya estaba convaleciente y le dijo que le encantaría que Villa Cabello tuviera una librería católica “porque la lectura, la meditación, elevar el pensamiento hacia Dios, puede llevar al ser humano a tener esperanza, alegría, transformar a su familia y el lugar donde vive”.

De Markiewicz recibió la enseñanza que “no sólo se tiene que vivir para su familia, sino que uno tiene que proyectarse en la sociedad, hacer algo por los vecinos, buscar el bien común. Desde la fe todo se puede, si uno la tiene piensa que todo termina en este mundo. Y no es así. No fue sólo un cura comprometido con la realidad social, sino con una espiritualidad muy sólida que transmitía sus enseñanzas con suma sencillez. De sus sueños hizo una gran realidad y tenemos que seguir sus pasos”.

“Los humildes y la educación, su prioridad”

Elsa Gladys Peresson, fue la primera rectora del Instituto Verbo Divino, lo conocía desde hace 42 años y trabajó junto al sacerdote en la comisión directiva de la “Promoción Social Cristiana” (Prosocri), luego “Asociación Familia Kolping”, y desde el año 2000 “Fundación Villa Cabello”, acompañándolo en sus proyectos.

Recordó que cuando Markiewicz era su profesor en el Instituto Montoya, ya comentaba sobre el proyecto Villa Cabello, donde se estaba levantando el tanque de agua, y que el nombre del barrio provenía de la venta de cabellos para confeccionar pelucas que se vendían para recaudar dinero para la obra. Había fundado colegios primarios y al crear el Ciclo Básico Nº 4 Verbo Divino (luego instituto y hoy instituto superior), la convocó al cargo. “Vine por dos años, y me quedé para siempre. Trabajar con él fue maravilloso”, sostuvo. Lo describió como “un visionario, de grandes ideales, que vencía cualquier obstáculo y llevaba adelante lo que se proponía.

Se dedicó a la educación. Fundó muchos colegios en varias localidades, porque su prioridad era la educación y elevar la calidad de vida de las personas. Siempre decía que la grandeza de un país eran sus escuelas pero su mayor tesoro eran los educadores”. “Era alegre, optimista, consultábamos todo con él y no había obstáculo que no venciera porque era muy obstinado y apasionado de su trabajo. Nos transmitió el sentido de la responsabilidad, del valor del tiempo, de la puntualidad, la asistencia. Nos dejó valores que no morirán. Supo sembrar y creo que su siembra cayó en tierra fértil”.

Siempre pedía “un cielo seguro, pero sin apuro”

Para el padre Giberto Salares svd, párroco del “Inmaculado Corazón de María” y presidente de la Fundación Villa Cabello, “se fue un hombre querido, una persona ejemplar en la vida religiosa, un sacerdote de verdad que vivía de acuerdo a la enseñanza evangélica prestando un servicio verdadero, auténtico, de entrega total y generosa en favor de los más necesitados”.

En esta zona de pastizales “quería que se levantara una ciudad y su sueño se está cumpliendo. Compró este terreno de más de diez hectáreas para procurar una vivienda para quienes no la tenían”, comentó. Vino desde Capioví -que era su último destino- para ayudar a Markiewicz y “me tocó este desafío. No merezco quedar en este lugar. Es una obra muy grande por lo que me asusta un poco tamaña responsabilidad. Se necesita una persona que tenga ese carisma para manejar todo, aunque tengo un equipo que me acompaña y ayuda para que esta obra del padre Juan siga creciendo y de frutos abundantes, que era lo que él quería”.

Aseguró que su partida “nos golpea como ser humanos, pero ahora tenemos un intercesor entre los elegidos y santos. Siempre pedía un cielo seguro pero sin apuro”. Contó que al mirar hacia atrás “estaba contento. Si tenía que ponerme en su lugar, no sé si lo haría. Tenía una entrega y confianza plena en la providencia de Dios. Aprendí de su vida espiritual, porque a pesar de sus múltiples ocupaciones, todos los días celebraba la Santa Eucaristía o atendía el sacramento de la confesión”.

Fuente: Primera Edición

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