En los brazos misericordiosos del Dios Padre-Madre

030816“El Reino de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo” (Mt 13,44-46)

Este texto del evangelio correspondía al miércoles 27 de julio, día en que se celebraba la Eucaristía de acción de gracias y de despedida del P. Enrique Oggier svd; luego en el cementerio de Esperanza depositábamos en la tierra su cuerpo como semilla que se siembra en el campo. Diez días antes, hacíamos lo mismo en Rafael Calzada con el P. Mariano Zakowicz svd.

Han sido días muy movilizadores en recuerdos, muestras de cariño y amistad, vamos recogiendo de muchas personas hermosos testimonios sobre nuestros dos cohermanos. Uno que luchó por años con su larga enfermedad y en el silencio del Hogar San Javier entregó su espíritu. Y otro que de modo sorprendente, en medio de su florecimiento pastoral en la parroquia de Crespo, con una reciente enfermedad, también deja que su vida sea asumida en el amor eterno de la Trinidad.

Fueron dos tesoros escondidos en nuestra Provincia ARS (Argentina Sur), dos piedras preciosas que en vasijas de barro se fueron gastando en servicio, entrega, fraternidad y dejando transparentar en sus gestos y palabras la luz y la belleza del Reino que está en medio de nosotros. A veces pasaron desapercibidos como el tesoro escondido en el campo, como la vida de incontables hermanos, que sin hacer mucho ruido y sin hacerse ver tanto, nos dejan el sabor y el aroma del Evangelio. Así, con la familiaridad y sencillez de Mariano y Enrique lo hemos palpado en nuestra propia carne y somos felices por lo que hemos visto, oído y compartido con ellos.

También, en este mes, hemos hecho memoria de los 15 años de la Pascua de Mons. Jorge Novak svd en Quilmes y en Jujuy de los 50 años de Mons. Enrique Mühn svd. Más hilos para este tremendo entramado que se teje con hombres y mujeres que nos muestran lo significativo que es escuchar, comprometernos y hacernos cercanos, transmitiendo el Evangelio de manera coherente para que produzca fruto.

Alguien me dijo una vez: “parece que para que hablen bien de uno hay que morirse” y otro agregó la conocida frase de la poesía: “en vida, hermano, en vida”. ¡Qué cierto! Ojalá en nuestras comunidades nos apreciemos más, hablemos mejor unos de otros, nos alegremos con los logros de los demás, que nos apoyemos en todo, que nos demostremos el cariño y el cuidado de hermanos y amigos en el Señor.

No queremos llenar tumbas de flores, páginas de biografías idealizadas, al contrario, deseamos llenar la cotidianeidad de nuestras comunidades viviendo en la pequeñez y el servicio con una amor sincero y sin fingimiento.

Que la ofrenda de estas vidas nos alcance la sobreabundancia del Espíritu, para ser “siervos buenos y fieles” como lo hicieron Mariano y Enrique, que nos animan a seguir andando nomás.

José Luis Corral svd

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