Seguir a Jesús por la puerta de la humildad

YO ESTOY AQUÍ (21º Domingo C – Lc 13,22-30)

Por Laura Martin ssps

Jesús está en viaje hacia Jerusalén, y al pasar por pueblos y aldeas en algunos se detiene para dar a conocer la salvación, para curar enfermos, etc. En uno de esos lugares alguien le pregunta: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Este hombre hace una pregunta curiosa, hasta chismosa; quizás, interiormente, deseaba conocer si su vecino se salvaría. Jesús no responde a esa pregunta y como es su costumbre, cambia el eje de la pregunta y contesta con una historia.

Esta es la forma de actuar del Señor cuando quiere educar a los discípulos, cuando quiere hacerlos pasar del plano de la curiosidad a las preguntas que tratan verdaderos problemas; aquellas preguntas cuyas respuestas nos ayudan a construir el Reino. Jesús quiere enseñar a sus discípulos que hay que preocuparse y ocuparse de otros temas, porque muchas veces nos perdemos en preguntas intrascendentes y no hacemos aquellas, cuyas respuestas nos darían la verdadera vida.

También, hoy a nosotros, Jesús nos enseña, desde este trozo del Evangelio cómo se entra en el Reino. Él nos da una respuesta un tanto breve, quizás demasiado concisa. “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha”; pero para respaldar sus palabras narra qué sucederá en el momento decisivo de obtener la salvación.

Jesús habla de un lugar en el cual se cerrará una puerta y muchos querrán entrar y no podrán. Sin embargo, habrá una multitud que logrará entrar sin ningún problema. Primero, nos dedicaremos a descubrir quiénes son los que no pueden entrar. Al parecer no basta para entrar a la casa, los títulos y diplomas que tengamos o el pertenecer a un determinado pueblo y menos aún el haber estado con Jesús, haber comido y bebido con Él, haber escuchado su Palabra en nuestras plazas.

190816Todos estos, entre los cuales podemos llegar a contarnos nosotros, seremos echados afuera, y lo peor es que seremos condenados a ver a los otros que, según se desprende del texto, no lo han escuchado y no han comido y bebido con Él, a ser recibidos por el dueño de casa, y además, escucharemos la voz del amo que dice: ¡apártense de mí, todos los que hacen el mal! En otras traducciones, utilizan el término “iniquidad”, que podemos relacionarlo con la injusticia. Los que obran injustamente serán los que no entrarán a participar de la mesa donde están Abraham, Isaac, Jacob y los profetas.

La carta a los Hebreos (Heb 12,12) nos da una idea de quiénes son los que entran por la puerta estrecha cuando les expresa, a los que están pasando por una fuerte prueba, que fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, y caminen por una senda llana. Es decir, que se esfuercen, que trabajen en sí mismos por llevar una vida dedicada a honrar al Señor, pero no de palabras, sino en obras.

Además, al llamar ¡malvados! a aquellos a quienes el amo de la casa no deja entrar, Jesús nos da una idea de cómo se salva esa multitud que viene de oriente y occidente, del norte y del sur. Aquellos que entran a la casa y se sientan a la mesa, son los que han obrado en justicia, han sembrado la paz, han descubierto en el otro al prójimo necesitado, se han esforzado por entrar por la puerta estrecha de la humildad, del abajamiento, del considerar al otro antes que a sí mismos, que han descubierto una realidad mayor que ellos mismos y que se dispusieron a construir su vida en la verdad, la paz y la justicia, en suma, construyeron el Reino sin conocer al Rey, y el Rey los espera con la mesa servida.

Ahora, surge otra pregunta: ¿qué pasará con nosotros que hemos sido bautizados, que participamos de la mesa de la unidad? La verdadera pregunta debe ser: ¿Estamos esforzándonos por entrar por la puerta estrecha? Comencemos a vivir nuestra vida diaria en el esfuerzo de hacer presente el Reino, teniendo en cuenta que también el Señor nos ha dado un mandato que se resume en la contestación del salmo: “Vayan por el mundo y anuncien el Evangelio”. Dios nos envía, si no vamos nosotros, Él mismo irá por aquellos que todavía no lo conocen y los traerá desde los cuatro puntos cardinales para sentarlos a su mesa. Jesús ya nos anticipó el final, obremos en consecuencia.

Hna. Laura Martin, SSpS
Convento Cristo Rey, Esperanza – Santa Fe


Recursos para acompañar la reflexión bíblica de esta semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
No todo vale (José Antonio Pagola)
Si “alguien” quiere pasar, la puerta se cierra (Fray Marcos)
Un Reino sin aduanas (Vicente Martínez)
Cuántos, cómo y quiénes se salvan (José Luis Sicre)
Comprometerse (Carmen Soto)
La puerta estrecha (Video musical – Salomé Arricibita)

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