La salvación de Dios

YO ESTOY AQUÍ (31º Domingo C – Lc 19,1-10)

Por Raúl Oscar Vilca

En el Evangelio de hoy Jesús nos plantea el tema de la salvación de los hombres. Pero, ¿cómo hacemos nosotros como pecadores para lograr la salvación de nuestras almas? Quizás somos como Zaqueo y nos encontramos buscando esta salvación.

Para reflexionar sobre este Evangelio nos situamos en la ciudad de Jericó, ya que Jesús llega y recorre este lugar. Aquí encontramos a Zaqueo, un hombre muy rico, jefe de los publicanos, un cobrador de impuestos, no era bien visto por los judíos, porque muchos de los publicanos solían aprovecharse en estos cobros. Todo esto hace que se encuentre alejado de Dios. Como Zaqueo, nosotros no nos damos cuenta de nuestro alejamiento de Dios por estas ocupaciones materiales y de nuestra “falta de tiempo” para escuchar su Palabra.

Pero, ¿qué característica sobresale en Zaqueo? El deseo de conocer a Jesús, ese deseo de poder estar con él. Aunque haya impedimentos, como su baja estatura y la multitud, los supera y toma la iniciativa de adelantarse y subir a un sicómoro. Este árbol es un instrumento para poder lograr el encuentro con Jesús. Cuando nos encontramos sufriendo por diferentes motivos, estos sufrimientos se transforman en sicomoros para llegar a Jesús. También este árbol es como nuestra iglesia, un lugar donde encontramos al Señor porque seguro que por allí pasa, no sólo como templo, sino como trabajo en comunidad.

281016Jesús con sus palabras nos hace la invitación: “hoy tengo que alojarme en tu casa”, es decir, entrar en tu corazón, en tu templo, encender la fe en la salvación, porque aún Zaqueo o nosotros con nuestros pecados, tenemos la oportunidad de salvarnos. Muchas veces recibimos esta invitación desde nuestros hermanos, de algún familiar, de los religiosos, porque Jesús siempre nos está esperando.

Quizás nos importa “el qué dirán” si vamos a la iglesia, ya que todos conocen nuestra situación irregular o nuestras faltas en la sociedad que, como esa multitud que critica a Zaqueo cuando Jesús entra a casa de un pecador, o a veces nosotros somos esa multitud prejuiciosa que juzga a los demás. La salvación de Jesús está disponible hoy mismo para todos, hasta las personas más perdidas y despreciadas.

Ante las críticas, Zaqueo habla de su generosidad, que él no perjudica a la gente porque devuelve si ha desfavorecido a alguien. Pero frente a esta multitud, Jesús lo reconoce como “hijo de Abraham”, lo acepta como heredero del Reino. ¿Cuántos de nosotros podremos dar la mitad de nuestros bienes a los pobres o a quienes se ha perjudicado? La riqueza siempre ha sido un obstáculo tremendo para la salvación. Pero Zaqueo lo supera, y entonces nos demuestra que uno puede ser rico y ser salvado. Es cuestión de lo que uno hace con sus riquezas.

Por esto, Zaqueo y todos nosotros, podremos lograr la salvación de Dios a través de la conversión, “Porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Raúl Oscar Vilca
Parroquia San Cayetano, Palpalá-Jujuy


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Recursos para acompañar la reflexión bíblica de esta semana

Servicio Bíblico Latinoamericano (Koinonía) (lecturas y comentarios para toda la semana, para descargar en formato de texto)
¿Puedo cambiar? (José Antonio Pagola)
Estás salvado en la medida que aceptes a los demás como son (Fray Marcos)
Dios ama y acoge (Vicente Martínez)
¿Puede salvarse un banquero rico? (José Luis Sicre)
Zaqueo, un hombre bajito que recuperó su grandeza interior (Marifé Ramos)
Zaqueo, el hombre que andaba por las ramas (Xabier Pikaza)

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