La Fe en tiempos de oscuridad

Apenas en pocos días de su aparición, un microorganismo nos ha controlado por completo. Las fronteras clausuradas y las calles están desiertas. Mientras que la ciencia busca arduamente una solución para controlar el virus, los hospitales están repletos de enfermos, las estadísticas anunciando el aumento de los muertos cada día, y el ser humano aislado. El hombre que parecía tener respuestas para todos los problemas del universo se encuentra limitado y frágil ante el avance de la pandemia. En esta realidad: ¿qué nos puede decir la fe?

No es la primera vez que el ser humano se encuentra ante una realidad que infunde tanto miedo y angustia. El mundo ya ha vivido guerras y enfermedades que han terminado con buen número de los vivientes. Aún la Sagrada Escritura nos habla de tantos relatos donde el pueblo de Dios pasa por el dolor y la muerte. En el camino del mar rojo el pueblo rebelde fue mordido por serpientes venenosas y muchos perdieron la vida por ir en contra Dios (Num 21).

Estos relatos nos dicen que Dios no abandona a su creación, aunque permite el caminar por el desierto. «Sean valientes y firmes, no teman ni se asusten ante ellos, porque Yahvé, tu Dios, está contigo; no te dejará ni te abandonará» (Dt 31,6). Y el Salmista dice, “Porque (aunque) mi padre y mi madre me hayan abandonado, el Señor me recogerá” (Sal 27,10).

Pero esta calamidad nos hace levantar la mirada hacia Dios. Cuando los enemigos se juntaron contra Josafat, la Biblia dice que él tuvo miedo. Sin embargo, no dudó en consultar a Dios y buscar su ayuda porque sabía que el poder estaba en su mano. Él decía, «Pues nosotros no tenemos fuerza para hacer frente a esta gran multitud que viene contra nosotros y no sabemos qué hacer. Pero nuestros ojos se vuelven a ti» (2 Cro 20,12).

Hoy nuestros ojos deben volver a Dios, necesitamos ser humildes y solidarios para que Dios sostenga nuestras manos en la lucha contra el mal. Necesitamos buscar su rostro para no hundirnos en la desesperanza. Aunque nos sentimos invadidos por este enemigo invisible, el poder de Dios va delante de nosotros para mostrarnos el camino hacia la victoria.

Al mismo tiempo, es un tiempo favorable de replantear nuestras actitudes hacia la vida y hacia la creación. La vida, aunque sea la más pequeña tiene un valor incalculable. No podemos priorizar nada más que la vida misma porque es ahí donde la manifestación de Dios es muy clara. Respetemos la vida, cuidemos la creación y volvamos a Dios para que en nuestra fragilidad se manifieste la gloria de Dios.

Mario Selvan svd