La vorágine de la indiferencia

Reflexión de Víctor Hirch svd, con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres 2020 (15 de noviembre)

Soy Víctor Hirch, religioso Misionero del Verbo Divino, desde hace 20 años vivo y trabajo en el Hogar para niños “Madre Teresa de Calcuta”, una obra fundada por el Siervo de Dios, Padre Obispo Jorge Novak.

La «Jornada Mundial de los Pobres» está animada por la expresión «tiende tu mano al pobre» (cf. Si 7,32), se trata de un mandato “no negociable” para los seguidores de Jesús.

El Dios de misericordia espera de sus hijos e hijas, que templen su corazón para ejercitar siempre y a lo largo de toda la vida, la misericordia hacia sus hermanos y hermanas más débiles.

El Papa Francisco en su carta de invitación a la “Jornada Mundial de los pobres” nos recuerda que: “La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables”. De tal manera, que nuestra vida cristiana adquiere plenitud en la cercanía al corazón de Dios y los dolores del mundo.

Pero la realidad de los pobres no es ni romántica ni anónima. Conlleva dificultades cercanas a la Cruz, a la pasión, al dolor, a la injusticia, a la ausencia, a las necesidades y cuando no a serios padecimientos.

Por otro lado, está expresada en nombres e historias concretas. No se trata de nóminas anónimas, de encuestas o tendencias. Cada uno, cada una, es único. Cada niño, anciano, mujer, trabajador, tiene una historia, un rostro y su singularidad, late junto al corazón de Dios.

Tender la mano al pobre nos obliga en primer lugar a “descubrir” la realidad de quienes padecen la pobreza, la exclusión y la indiferencia. En primer lugar, estamos llamados a sensibilizar nuestro corazón frente al dolor ajeno. A superar nuestra indiferencia.

En varios pasajes, el evangelio nos invita a “ver” y a “oír”, a estar atentos. A ver los signos de los tiempos. Esta actitud se tiene que ejercitar. “La misericordia no se improvisa” dice el Papa Francisco.

En este contexto, podemos participar de una vorágine de la indiferencia: obnubilados por nuestras preocupaciones, ensimismados en nosotros, cerrados a nuestros intereses y mezquindades, coptados por una religiosidad indiferente, conquistados por argumentos llenos de prejuicios, encerrados en círculos de autosatisfacción, podemos “no ver”, “ni escuchar” la realidad de pobreza y marginación de nuestros hermanos y hermanas.

Si deseo en mi corazón superar la indiferencia y no dejar librada a la improvisación a la misericordia, humildemente te sugiero.

1. Detener la marcha. En actitud orante –todos necesitamos detener la marcha de vez en cuando–. En forma de oración de encuentro con Dios, es necesario dar gracias por mi vida, logros y camino transitado y para mirar alrededor con ojos de discípulo misionero. Mirar, contemplar, descubrir lo que Dios quiere decirme en este lugar y tiempo que me toca vivir.

2. Trabajar sobre mis prejuicios. Preguntarme de dónde vienen mis prejuicios sobre las diferentes realidades que viven los más pobres. Mis temores, mis barreras, mis rechazos, se fundan en sensaciones de piel, de mirada social, de diferencias ideológicas. Te invito a trabajar sobre esos prejuicios y a superarlos cómo primer acto de cercanía.

3. Pasar de la palabra al acto. Dicen que es una de las distancias más distantes. Pasar de la palabra y las buenas intenciones a realizar el gesto. Acercarte, donar, abrazar una causa, llevar alimentos, disponer tu tiempo, visitar a un enfermo o anciano, hacerlo… derribará barreras y generará cercanía… no le tengas miedo a este paso… puede que no sea como te imaginás. Será uno de varios pasos que vas a dar.

4. Construir un nosotros. La indiferencia se afianza con la soledad. Cuando nos juntamos construimos miradas comunes. Nos animamos mutuamente. Salimos de nosotros. Fortalecemos nuestras convicciones. Animate al compromiso con otros. Eso nos enseña mucho. Primero con algunos/as que quieran hacer lo mismo que vos y luego para superar el ellos y nosotros, para pasar a construir un nosotros integrador.

5. Cultivar el Sentido de misterio. Nos hace falta la certeza interior y convicción de que Dios actúa siempre y en cualquier circunstancia. También en aparentes fracasos. “Llevamos este tesoro en vasos de barro”. En este marco, todo encuentra un sentido pleno y trascendente.

¿Es posible no ver a millones de niños en situación de pobreza e indigencia hoy en nuestro país? ¿Es posible ser indiferentes ante la hipoteca social que significa la realidad de 6 de cada 10 niños pobres e indigentes hoy?

La mirada crítica debe estar acompañada de la actitud de misericordia. Esa misericordia es la que anima y motoriza a numerosos agentes pastorales, líderes y liderezas sociales, animadores comunitarios, a encarnar el evangelio de la vida, a través de un signo testimonial de cercanía con los más pobres.

La vorágine de la indiferencia es superada por “el compromiso amoroso”. El mismo que se encarna cotidianamente por Hogares, Centros de Día, Casas del niño, centros comunitarios y en tantas otras expresiones.

Se trata de acciones que brotan de un corazón misericordioso que se decide pasar de las palabras a las obras, para expresar en gestos concretos el amor a los demás.

Gracias por este espacio. Animémonos a superar la indiferencia a fuerza de misericordia y compromiso misionero.

Víctor Hirch svd
Coordinador JUPIC-ARS

Fuente: Vivat Argentina