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María Elena Stollenwerk - Beata

(1852 - 1900)

 

Co-fundadora de la Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo.

Nació en Rollesbroich, región de Eifel, Alemania, el 28 de noviembre de 1852. hija y heredera de un acomodado agricultor. Desde niña siente compasión por los niños abandonados de la China y, a través de la Asociación de la Infancia Misionera alimenta la semilla de su vocación.

Reza, busca posibilidades, espera, hasta que Dios le muestra el camino de Steyl, donde Amoldo Janssen había fundado un Seminario Misionero.

En 1882 escribe María Elena a Steyl: "No deseo otra cosa más que con la gracia de Dios, ser la última y ofrecerme como sacrificio para la propagación de la fe". Su deseo de unirse a la obra misionera emprendida por el sacerdote Arnoldo Janssen, la llevó a ingresar a la Casa Misional de Steyl en 1882. Amoldo, con una vaga promesa de la fundación de una Congregación misionera femenina, sólo puede admitirla como cocinera del Seminario.

Los años pasan, la constancia se pone a prueba. Al fin, el 8 de diciembre de 1889, participa  -junto con Josefa Hendrina Stenmanns-  en la fundación de la Congregación "Misioneras Siervas del Espíritu Santo" llevada a cabo por Amoldo Janssen. María Elena y sus compañeras necesitan aguardar aún, hasta que al fin el 12 de marzo de 1894, las doce primeras Hermanas pueden emitir sus votos religiosos.


María Elena Stollenwerk (1852 - 1900)

"Deseo ponerme al servicio de la evangelización con todo mi amor y por toda la vida"

María Elena Stollenwerk

El celo misionero de Elena no ha cambiado, pero ahora tiene que continuar como coordinadora y formadora de la nueva comunidad. Ve partir a sus Hermanas a la misión de Argentina y de Togo y sus anhelos van junto con ellas.

El 8 de diciembre de 1896, Amoldo Janssen funda una rama femenina contemplativa de clausura para apoyar la misión de la Iglesia: las "Siervas del Espíritu Santo de la Perpetua Adoración".

María Elena, que tiene también un alma contemplativa, no es escogida en ese momento para iniciar esta rama, pero dos años más tarde, en 1898, cuando ya había dejado de lado esa idea, Amoldo le pregunta por tres veces sobre su paso a la Clausura. Vio en esto el querer de Dios y comienza de nuevo el noviciado. Su ofrenda se hace total. A los 48 años muere como novicia, el 3 de febrero de 1900. De manera que la obra debe ser consolidada definitivamente por su sucesora: María Micaela Tönnies.

El llamado que recibe Elena y que la marca desde su niñez, es el llamado a la misión. Se siente convocada a llevar calor, luz y la seguridad del amor de Dios a los niños abandonados de China. Sus anhelos de ir a la misión no se cumplieron jamás, pero hoy sus hermanas están repartidas por todo el mundo.

Si pensamos en la Madre María Elena Stollenwerk, nos hallamos ante una gran personalidad y una pionera de la obra misionera de la Iglesia, si bien no pudo realizar su gran deseo: ser enviada fuera de su patria. Su vida religiosa se caracterizó por una relación viva y profunda con el Espíritu Santo y su entrañable amor a Jesús Sacramentado. Toda su vida fue un signo de que había sido llamada por Dios. Desde su infancia, su amistad con el Señor estuvo inspirada por el "vayan y enseñen a todos".

El Espíritu Santo era el incentivo para anunciar el Evangelio y, como afirma San Pablo, para "hacerse todo para todos". Desde su infancia, María Elena, con sencillez, claridad y gran convicción fue capaz de expresar su fe y transmitirla a los demás.

El 7 de mayo de 1995, la Hermana María Elena fue proclamada Beata, por Juan Pablo II.

En el día de su beatificación, Juan Pablo II decía de ella: "María Elena era muy devota de Cristo Eucaristía, de donde sacaba fuerza para conducir a la comunidad misionera. Hoy quisiera que estos aspectos de la personalidad espiritual de la nueva beata estuviesen presentes de modo especial en vuestros corazones. Que la nueva beata dé también hoy a las jóvenes, orientadas hacia la actividad misionera, un corazón así de grande y una fe así de firme, para que la vida eterna, que sólo el Señor puede dar, crezca y madure en el corazón de los hombre".